LA TAQUERÍA – 4.5/5

$$

IMG_3322

La Taquería tiene el plus de que para llegar hay que pasar a un lado de la Sagrada Familia. Después, al doblar en el Pasaje de Font se divisa la bandera mexicana ondeando encima de los abarrotes Doña Cuca donde es posible conseguir desde mole Doña María, chilorio, tortillas de maíz y  salsas varias, hasta flor de calabaza, huitlacoche, queso Oaxaca y barbacoa enlatada.

IMG_3331

IMG_3334

Enfrente de la tiendita está La Taquería. Primer buen indicador: en las mesas siempre hay mexicanos curándose el Jamaicón, la cruda o ambas. En el aire flotan los perfumes del taco. Los acordes de la cumbia son ahogados por los güey-güey-güey y el siseo de la plancha al fondo. El local es chiquito y siempre está a reventar.  A veces incluso con reservación hay que esperar algunos minutos en la banqueta, pero la recompensa es grande.

IMG_3371

El slogan de la Taquería es “Auténtica gastronomía callejera mexicana”. Situarse dentro de la misma categoría que los Chupacabras, los del Chury, los más de 300 Cuñados que hay regados por toda la Ciudad de México, los Coyotes o los Milanesos, implica poner el listón muy alto. Las expectativas son proporcionales.

Los precios están bien y la carta ofrece varias opciones: pastor, bistec, arrachera, suadero, longaniza, lengua, pollo, nopales. Pedimos un alambre de arrachera con queso y una orden de Cucaritos, tacos insignia de la Taquería. Mientras esperamos nos van trayendo las salsas. Una verde, una de chile de árbol, una de habanero y una macha. Las acomodan junto a un elemento sine qua non de los puestos de tacos de lámina: el salero/barrilito. ¡Cuántas alegrías no hemos vivido al son de esa mítica sonaja!

IMG_3343

Los alambres con queso, por definición, deben derrochar estímulos sensitivos y despertar el antojo mediante una mezcla burbujeante de olores, formas y colores. Un alambre que se digne de serlo debe sonrojar al que lo pidió. El de arrachera de la Taquería cumple con estos requerimientos. Check, check, check. Debajo de las tortillas pasadas por la plancha, se esconde una mezcla deslumbrante. Quitarlas una a una equivale a destapar un cofre del tesoro. Queso, tocino, cebolla, pimiento brillan ante los ojos del comensal. Un deleite a todos niveles. Los bocados llenan la boca sin resquicios, un elemento que nuestros lectores habituales sabrán, otorga puntos extra a los tacos degustados.

IMG_3352 IMG_3353 IMG_3356 IMG_3358

El Cucarito, por otra parte, es un clásico campechano: bistec, longaniza, chicharrón y salsa de suyo. Su presentación obedece a la escuela de los bajopuentes y las paradas de peseros: ingredientes revueltos hasta formar un todo indisoluble, en el que las partes se funden para conseguir un fin más grande que ellas mismas. En esto, el taco de la calle es una metáfora de cualquier esfuerzo colectivo en la historia de la humanidad. Sobra decir que el resultado algunas veces es plausible y otras desastroso. En este caso, los Cucaritos salen airosos de la cata y quedan bien parados.

IMG_3351

En cuanto a las salsas, al ser muchas y muy buenas, convierten la preparación del taco en una actividad estimulante donde el comensal se involucra en el resultado final. Verde con macha. Macha con habanero. Habanero con chile de árbol. Las posibilidades son ilimitadas.

IMG_3359

Comer parado en la calle, en México o en China, implica transgredir el convencionalismo de comer sentado en una mesa. Las avenidas, los callejones, las cuchillas y los cruces son lugares concebidos para la circulación y el movimiento. Apropiarse de ellos para congregar a personas que mastican al unísono, es una afrenta. El taco de la calle es vandálico por naturaleza. Si violenta cumple su cometido.

El Cucarito me quemó el paladar a la primera mordida y le provocó una diarrea expiatoria a un amigo europeo, cuya identidad mantengo en el anonimato. Misión cumplida. Además, la mezcla de los Cucaritos, no conforme con estar hirviendo, pica de a madres: pulgares arriba. Por si esto fuera poco se agradece que las tortillas, antes de llegar al plato, hagan una escala en la plancha. El resultado de tacos, salsas, limón y sal, es redondo.

IMG_3348

De postre pedimos una gringa de bistec muy correcta. Excelente colofón: la suavidad del queso derretido se avivaba de repente con pedazos crujientes de carne.

IMG_3363

Comer en la calle es un deporte de alto riesgo que va más allá del taco o la garnacha que se tiene delante. Es enfrentarse a una situación límite. El verdadero precio a pagar por lo que se consume es exponerse a un contexto en el que todo es posible. Se sufren quemaduras, enchiladas, se coquetea con la tifoidea, se muerden cartílagos, se sortean taxis y trolebuses, se es blanco de albures, se ahuyentan perros y amigos pedigüeños con un “sáquese”, se mete el pie en charcos de aceite reutilizado y anticongelante. Una ruleta rusa. En la Taquería se pueden probar tacos muy acertados sin arriesgar el pellejo.

Saliendo de la Taquería, con los labios todavía palpitantes, nos volvimos a topar con la Sagrada Familia. Primero el taco arrabalero y después Gaudí. Un contraste que se complementa. Está claro: a la sublimidad se puede acceder por la vía del refinamiento y la genialidad o por la vía del cochambre.

IMG_3357 IMG_3372

Fotos por @bartenbo

No pierdas detalle de la búsqueda del mejor taco de Barcelona dándole like a nuestra página de Facebook y siguiéndonos en Twitter.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s