EL TIANGUIS – 3/5

$$  (Martes $)

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La mano todavía me huele a taco, buen indicador. El ambiente del Tianguis es el de una taquería mexicana, sobre todo los martes de taco y cerveza de a euro. Gritos de lado a lado, la plancha humeante, brindis con cerveza, gente esperando en la calle, micheladas en tarro y aguas de horchata copeteadas con hielo. En cada mesa un mexicano explicando la carta a sus acompañantes: chilorio is spicy pork, cachete is cheek, lengua is tongue, chorizo is like a sausage and barbacoa is sheep. Sentado junto a mí, un amigo alemán con la frente perlada y los ojos desorbitados por la salsa de habanero. Dice que no le picó tanto. De fondo suenan Los Panchos. El lugar es colorido, todo está impecable, los meseros son muy platicadores: en conclusión, el entorno es perfecto para echar el taco.

Pedí una michelada cubana con Pacífico que no estaba mal pero le faltaba carácter. Las micheladas deben tener la cualidad de revivir a los muertos. El primer trago debe ser como una terapia de electroshocks que nos sacuda la apatía. A esta le faltaba el punto violento de las salsas decididas a causar estragos. No sentí la mezcla mágica que resucita a los agonizantes y a los temulentos.

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Llegado el momento de pedir la comida pregunté por el taco más icónico del lugar. “No, pus depende de cada quien, hay a quien le gusta el de camarón y hay a quien le gusta el de cochinita. Aunque si me preguntas el Tacote está muy bueno, es de barbacoa y viene con tortilla grande, aunque te sale más caro”. Así que para no fallarle pedí un Tacote, uno de lengua, un campechano (lengua con chorizo), uno de cachete, uno de cochinita y uno de chilorio.

Mientras esperábamos nos trajeron las salsas. Una verde y una roja no tan picantes, otras de los mismos colores pero más subidas de tono y una de habanero. Todas cumplen con su papel de vestir al taco pero les falta punch. Son salsas convencionales, estilo La Costeña, que no están mal y son mejor que nada, pero tampoco deslumbran.

Una vez que llegaron los tacos destaca la presentación, con su cilantro y su cebolla. Las tortillas de maíz pasan la prueba, pero están lejos de ser esas tortillas protagónicas, de las que se inflan en el comal. Finalmente, antes de entrar en materia, un punto flaco es que los limones en realidad son limas (o las limas en realidad son limones para nuestros amigos españoles).

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Ahora sí.

Primero le clavé el diente al Tacote. Una mordida sin aditamentos.Como no lograba sacar ninguna conclusión bañé la barbacoa con lima, sal y salsa roja. Otra mordida. Y otra.

Veredicto: aunque había algo del sabor a humo de la auténtica barbacoa de hoyo, extrañé la jugosidad de la carne que estaba un poco seca.  Por lo demás la tortilla sólo varió en tamaño y la verdad es que por los cinco eurotes que me costó el taco (¡casi cien pesos!) me hubiera pedido cinco taquitos de cualquier otra cosa.

La lengua, el cachete, la cochinita y el campechano estaban muy correctos. Bien servidos, visualmente atractivos y de sabor acertado. Al final para rematar pedí un taco de canasta de frijoles a modo de postre. También estaba correcto. Cumplió su papel de snack con decoro.

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Todos los tacos evocaron el sabor que estaba esperando, pero ninguno lo reprodujo con fidelidad. Todo está muy bien aunque quizás demasiado pulcro. Me explico para los extranjeros. Estando en Barcelona se entiende que la parrilla esté impecable y que el chorizo sea más un elemento gourmet que un ingrediente guarro. Me dio la impresión de que a todas las proteínas les faltaba sal, pero pensándolo bien me di cuenta de que lo que les faltaba era mugre y grasita. Les falta desbordar consistencia y sabor. No encontré esa magnificencia que hace que cerremos los ojos a la primera mordida (indicador sine qua non de un taco de más de 8.5).

El campechano, por ejemplo, debe ser sinónimo de derroche, pero en este caso es un taco muy fancy. Extrañé esa humectación crujiente y aceitosa, que no nos deja otra opción que meternos sendos bodoques a la boca hasta imposibilitar la respiración y los buenos modales. Esa consistencia que permite deslizar sin mucho esfuerzo la comida de la boca hasta el estómago. Son unos tacos decentes, quizás demasiado decentes. Por ponerlo en términos futboleros, es como si le quitáramos la picardía a Cuauhtémoc Blanco: seguiría metiendo pases filtrados al estilo de Lampard, pero jamás tendría la desfachatez de inventar la cuauhtemiña o de bajar la pelota con el culo.

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El 6.8 es una calificación aprobatoria y recordemos que el 10 es el taco perfecto, ese que jamás he probado (para mayor detalle ver el post de la presentación).

A modo de conclusión diría que el taco mejor logrado es el de lengua. Se alcanza a sostener incluso sin la ayuda de las salsas, la lima y la sal.

Por el precio, la carta variada y la atmósfera en general, echar taco en el Tianguis de Villarroel 42 es un plan recomendable. Un plan integral que implica tomar cerveza, platicar, brindar, reírse y hacerse una buena idea de lo que es un taco mexicano: un plan integral del que los tacos forman parte sin alcanzar a opacarlo.

Fue un buen martes sin duda alguna. Es un plan que volvería a repetir.

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Fotos por @bartenbo 

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